domingo, 22 de febrero de 2009

El camino de las cuerdas



Mis sentidos se agudizan en aquel lugar dónde cada vez que acudo, recibo y dejo dejo un pedacito de mi. Sótano abovedado, de paredes enladrilladas y suelo negro enmoquetado. El olor del incienso se entremezcla con la humedad ambiental. Cierro los ojos y disfruto de la música de Enya que deleita a mis oídos. Alguien rodea mi cuerpo desde atrás y lo mece junto a su pecho, siento sus cálidas manos, aquellas que me otorgan una gran tranquilidad y sosiego pero también fuertes emociones. En un momento nuestros deseos se funden. Nuestra respiración se coordina, nada existe pero todo importa, todo fluye y me alimenta. Sus manos tornan mi cuerpo y nuestras miradas se encuentran susurrando entre brillos y sombras.

Repentinamente coge mi pelo y mientras trato de encontrar el equilibrio sobre los altos tacones, arrastra mi cuerpo bajo aquella anilla que cuelga del techo firme abovedado. Por un instante perdemos el contacto corporal pero le siento cerca. Escucho el sonido particular del yute contra el suelo, percibo su aroma, respiro hondo inundándome de el…

Abro los ojos y algunas miradas observan, sonrisas de complicidad y ternura. Como cual ladrona de emociones arrebato parte de ellas, llenan mi pecho, alimentan la intensidad del momento…

Rodea mi cintura, la tensa, presiona mi vientre. Una vez más, siento el camino de las cuerdas, senderos que trazan con gracia y capricho mi cuerpo menudo. Cierro los ojos, y de pronto pierdo contacto con el suelo, mi yo, queda suspendido y se entrega a la gravedad de su antojo. Arqueada, siento como la sangre toma posesión de aquellas partes altas, su presión conquista mi cuello, mis ojos, mi cabeza…

Me concentro en continuar respirando de forma adecuada, el aire llega a mi vientre presionado, lucha interna sutil e intensa. La mente derrota al cuerpo físico, disfruta la sensación, pero en ocasiones persiste y vuelvo a la consciencia de aquel condicionado dolor.

Siento sus manos, sus brazos me alzan en el aire y la tensión de las cuerdas desaparece por un instante, mi alma gime, suspiro agradecida, lleno mi cuerpo de aire, abro los ojos, sonrío y besa mi frente, pronto vuelve a soltarme, las cuerdas reclaman su sendero, un alarido rompe el silencio.

Anuda mis pies, vuelve a tensar, me voltea, aprieto los párpados y cuando vuelvo a abrirlos, la única visión que tengo son sus pies sobre aquella moqueta que comienzo a desear tanto.

Siento sobre mi cuello unas manos mas pequeñas, cálidas y suaves, atrapan mis sentidos, dejo de percibir la intensa presión. En silencio suplico esas caricias, mi vello se eriza, continúa entregando respuestas. Acaricia mi cara, sus labios carnosos besan mi boca, me entrega su aliento, cual respiro agradecida, toca mi pecho, pellizca mis pezones, bordea el contorno de su obra, presiona su tez con la mía, quiero abrazarla, besarla, lamerla, pero mi cuerpo está prácticamente inmóvil.



Las cuatro manos me alzan en el aire, siento la gloria, ese lugar al que solo me ll
eva el camino de las cuerdas. Gravedad física y emocional usurpada y moldeada a su antojo. El calor de sus manos, me abriga el alma, siento que mis ojos se humedecen, gemidos entrelazados que se funden en el aire.

Vuelven a soltarme a merced de las cuerdas, presiono los maxilares, cierro los ojos y un pequeño riachuelo salado desemboca en mis labios. Consternada siento como las cuerdas resbalan sobre la anilla acercándome lentamente al suelo, deseo tocarlo, arroparlo, besarlo, abrazarlo….Cuánto erotismo.

Eternamente agradecida.
e.



2 comentarios:

Eris dijo...

Gracias a ti por deleitarnos con unas escenas tan sensuales. Da gusto verte y leerte. :)

edelweiss dijo...

:)))!!

Eres un placer. Muackss